Durante 15 años integró el grupo de artes plásticas “Templanza”, pero por sobre todas las cosas Mirta Dorati fue una mujer de valores que con su bondad se ganó el afecto no sólo de su entorno íntimo, sino de sus amigos, compañeros y vecinos.
Nació el 5 de septiembre de 1947, en La Plata. Fue la hija mayor de Edgar Dorati e Isabel Linquet, y creció junto a su hermana Alicia Noemí. Cursó la secundaria en el Manuel Belgrano y luego, algunos años en la facultad de Ciencias Económicas de la UNLP.
Tiempo después ingresó al Banco Provincia, donde se hizo de grandes compañeros y tuvo un vínculo casi maternal con Coco, un joven al que le brindó su consejo y afecto. También dio clases de yoga en su casa.
Un 17 de febrero se casó con Oscar Américo Barbieri y la familia creció con los nacimientos de Natalia y Paula. Una de sus felicidades más grandes fue convertirse en abuela de Benjamín.
Mirta siempre fue una mujer con ganas de emprender desafíos, por eso ni bien se jubiló fue a teatro, estudió por algún tiempo francés y, más tarde, de manera más sistemática el idioma italiano. También retomó las clases de yoga con Mercedes, quién además de ser instructora había sido su compañera en el banco.
Expresó una gran sensibilidad por la pintura e integró el PEPAM, grupo de extensión de la Universidad Nacional de La Plata. Las clases dieron lugar a periódicos encuentros en los que Mirta siguió cosechando amigos. Con sus obras participó de incontables exposiciones en esta y otras ciudades.
En el tiempo libre disfrutaba de viajar junto a su esposo, ya sea por el país o por el exterior. Además se entusiasmaba con las escapadas hacia algún lugar turístico con su hija Paula o con los veraneos junto a su hija Natalia y su nieto Benjamín.
Pasar los domingos en la casa de su hermana en City Bell para Mirta fue algo impostergable, es que además del lazo fraterno, siempre las unió un inquebrantable compañerismo. También tuvo una particular debilidad por sus cinco sobrinos y sus sobrinos nietos; con todos fue una tía compinche y cariñosa.
De sonrisa cálida, diálogo ameno y férreos valores, Mirta será recordada por quienes la conocieron como un ser luminoso y singular, de esos que al partir dejan un gran vacío.
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